2) La Muerte

¿Qué es la muerte según la Biblia? Entienda su origen, naturaleza y por qué existe

La muerte es la gran enemiga de la humanidad. Todos la tememos, y todos seremos tocados por ella. ¿Pero de dónde vino la muerte? ¿Por qué existimos solo para morir? ¿Y qué exatamente sucede cuando la vida termina?

En la lección anterior, aprendimos que somos “almas vivientes” — seres completos formados por el polvo de la tierra más el fôlego de vida. Ahora veremos qué sucede cuando este proceso se revierte.

El Origen de la Muerte

¿La muerte siempre existió en el plan original de Dios?

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La muerte no era parte del plan original de Dios. En el Edén, Adán y Eva tenían acceso al árbol de la vida y podrían vivir para siempre. La muerte entró al mundo como consecuencia directa de la desobediencia — del pecado.

“No fue designio de Dios que el hombre fuese pecaminoso. Lo hizo moralmente libre, y poseedor de una naturaleza perfecta, sin ninguna tendencia hacia el mal.” — Ellen G. White, Patriarcas y Profetas, p. 49

¿Por medio de quién entraron el pecado y la muerte al mundo?

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Aunque Eva fue la primera en pecar, la Biblia atribuye la entrada del pecado a Adán, pues él era el representante de la raza humana. Por causa de su elección, todos sus descendientes heredaron la naturaleza pecaminosa y sus consecuencias — incluyendo la muerte.

¿Qué es la Muerte?

¿A qué se compara la muerte en la Biblia?

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Jesús, al hablar sobre la muerte de Su amigo Lázaro, dijo: “Nuestro amigo Lázaro se ha dormido, pero voy a despertarlo.” Esta es la metáfora bíblica más común para la muerte — un sueño. Y así como el sueño es un estado de inconsciencia temporal, también lo es la muerte.

¿Qué sucede cuando el fôlego de vida deja el cuerpo?

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Esta es una de las declaraciones más claras de la Biblia sobre el estado de los muertos. Cuando morimos, nuestros pensamientos — nuestra conciencia, memorias, planes — perecen. Ya no pensamos, sentimos o existimos de forma consciente en otro lugar.

La Reversión de la Creación

Recuerda la “fórmula de la vida”:

POLVO + FÔLEGO DE VIDA = ALMA VIVIENTE

En la muerte, esta fórmula se revierte:

ALMA VIVIENTE - FÔLEGO DE VIDA = POLVO

¿A dónde va el cuerpo y a dónde va el fôlego de vida en la muerte?

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La muerte es simplemente la reversión del proceso creativo. El cuerpo vuelve al polvo de donde vino, y el principio de vida retorna a Dios, que lo dio. ¿Qué queda? Nada consciente. El “alma viviente” deja de existir hasta la resurrección.

“En la muerte hay una interrupción completa de la vida. No hay sentimiento de placer o dolor, no hay memoria, no hay conocimiento.” — Ellen G. White, Comentario Bíblico Adventista, vol. 3, p. 1091

La Muerte Como Consecuencia del Pecado

¿Cuál es el salario del pecado?

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El salario — la consecuencia justa — del pecado es la muerte. No es tormento eterno, no es reencarnación, no es purgatorio. Es la cesación completa de la existencia. Esta es la penalidad que todos enfrentamos por causa del pecado.

¿Quién está sujeto a la muerte?

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La muerte es universal. Justos e impíos, creyentes y descreídos — todos mueren. La diferencia no está en escapar de la muerte, sino en lo que sucede después: resurrección para la vida eterna o para la condenación final.

La Buena Noticia

¡A pesar de la realidad sombría de la muerte, hay esperanza!

¿Qué ofrece Dios como don en contraste con la muerte?

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La vida eterna no es algo que poseamos naturalmente: es un don de Dios, dado a través de Jesucristo. Mientras que la muerte es el salario merecido del pecado, la vida eterna es un presente inmerecido de la gracia divina.

“Cristo se hizo uno con nosotros en la humanidad, para que pudiéramos ser uno con Él en la divinidad. Es mediante esta unión que podemos salir del sepulcro.” — Ellen G. White, El Deseado de Todas las Gentes, p. 388

¿Y Ahora?

Entender la verdad sobre la muerte nos lleva a reflexiones importantes:

  • La gravedad del pecado: El pecado no es solo un error; es lo que trajo la muerte al mundo.
  • La necesidad de un Salvador: No podemos escapar de la muerte por nuestros propios méritos.
  • El valor de la vida: Cada día es precioso; debemos vivir con propósito.
  • La esperanza en Cristo: Jesús venció la muerte y ofrece vida eterna a todos los que creen.

La muerte no es el fin para aquellos que están en Cristo. Aunque todos pasemos por ella, hay la promesa gloriosa de la resurrección en el último día.

Reconozco que la muerte es consecuencia del pecado y que todos estamos sujetos a ella. Agradezco a Dios por el don de la vida eterna a través de Jesucristo. Elijo confiar en Él como mi Salvador, sabiendo que Él tiene poder sobre la muerte.