4) Dios, el Espíritu Santo
La tercera persona de la Trinidad - Personalidad, divinidad y obra del Espíritu Santo
El Espíritu Santo es frecuentemente la persona más descuidada de la Trinidad. Algunos piensan que Él es solo una fuerza o influencia divina. Pero la Biblia revela que el Espíritu Santo es una persona real — la tercera persona de la Divinidad — tan divino como el Padre y el Hijo.
El Espíritu Santo es una Persona
En griego, “espíritu” (pneuma) es neutro. Pero Jesús consistentemente usa el pronombre masculino “ekeinos” (Él) para referirse al Espíritu Santo. Esto indica personalidad, no una fuerza impersonal.
Una fuerza impersonal no puede ser entristecida. El hecho de que el Espíritu Santo puede ser entristecido prueba que tiene emociones — característica exclusiva de personas.
El Espíritu Santo toma decisiones, prohíbe ciertas acciones, y dirige la iglesia según Su propia voluntad. Esto demuestra personalidad y no puede ser atribuido a una mera fuerza.
“El Espíritu Santo es una persona, pues testifica con nuestros espíritus que somos hijos de Dios… El Espíritu Santo debe ser una persona divina, de otra manera no podría testificar a nuestro espíritu.” — Ellen G. White, Evangelismo, p. 617
El Espíritu Santo es Dios
Pedro le dijo a Ananías: “¿Por qué llené Satanás tu corazón para que mintieras al Espíritu Santo?” E inmediatamente añade: “No has mentido a los hombres, sino a Dios.” El Espíritu Santo es identificado directamente como Dios.
La omnisciencia es un atributo exclusivamente divino. El hecho de que el Espíritu Santo conoce “todas las cosas, hasta las profundidades de Dios” prueba que Él es Dios.
La Obra del Espíritu Santo
El Espíritu Santo participó activamente en la creación. Él no es un observador pasivo, sino un agente creador junto con el Padre y el Hijo.
“El Espíritu Santo es el representante de Cristo, pero despojado de la personalidad humana e independiente de ella. Limitado por la humanidad, Cristo no podía estar en todas partes personalmente. Era, por lo tanto, de interés para ellos que se fuera al Padre, y enviara el Espíritu.” — Ellen G. White, El Deseado de Todas las Gentes, p. 669
El Pecado Imperdonable
La blasfemia contra el Espíritu Santo es el rechazo persistente y final de Su obra convencedora. No es un acto aislado, sino una actitud continua de resistencia hasta que la persona se vuelve incapaz de responder a Dios. Quien se preocupa por haber cometido este pecado probablemente no lo ha cometido.
¿Y Ahora?
Reconocer al Espíritu Santo como Dios y como persona transforma nuestras vidas:
- Podemos relacionarnos con Él: No es una fuerza impersonal, sino una persona que desea comunión con nosotros.
- Debemos escucharlo: Él nos guía, nos convence y nos enseña; necesitamos estar atentos a Su voz.
- No debemos entristecerlo: Nuestras elecciones afectan nuestra relación con Él.
- Dependemos de Él para la victoria: Sin el Espíritu, no podemos vivir la vida cristiana.
Creo que el Espíritu Santo es la tercera persona de la Trinidad — plenamente Dios, junto con el Padre y el Hijo. Reconozco Su obra en mi vida y deseo ser sensible a Su voz. Le pido que me llene y me guíe en toda verdad.