La ley de Dios revela amor, no un camino para comprar salvación
La ley de Dios expresa Su carácter y orienta una vida de amor, pero no sustituye la gracia salvadora de Cristo.
Entiende gracia, fe, perdón, obediencia y vida transformada a partir de la Biblia.
La salvación comienza en la gracia de Dios y se hace real en la vida de quien confía en Cristo.
En este tema, los artículos muestran la diferencia entre intentar merecer aceptación y responder al amor de Dios con fe, arrepentimiento y transformación.
La ley de Dios expresa Su carácter y orienta una vida de amor, pero no sustituye la gracia salvadora de Cristo.
El crecimiento espiritual ocurre por la permanencia en Cristo, por la Palabra, por la oración y por la actuación del Espíritu Santo.
La mayordomía bíblica involucra tiempo, cuerpo, recursos, talentos y prioridades sometidos al Señor.
La gracia salva por la fe en Cristo y también restaura la vida. La obediencia no compra salvación, pero aparece como fruto de un corazón alcanzado por Dios.
La muerte y la resurrección de Cristo revelan la gravedad del pecado y la seguridad de la salvación.
El bautismo bíblico expresa arrepentimiento, fe, nueva vida y compromiso con Cristo y Su iglesia.
La gracia salva al pecador y transforma su relación con la obediencia, sin convertir la ley en medio de salvación.
La salvación bíblica involucra perdón, arrepentimiento, fe en Cristo y una nueva vida conducida por el Espíritu Santo.
La vida cristiana involucra cuerpo, mente, relaciones y decisiones que reflejan la presencia de Cristo.
La Cena del Señor apunta a la muerte de Cristo, a la comunión de la iglesia y a la esperanza de Su regreso.
Estudio bíblico recomendado
Un viaje transformador a través de la gracia de Dios, desde la cruz hasta el corazón de una relación real con Jesús.
Leer estudio bíblicoLa salvación es por gracia, recibida por la fe en Cristo. Las buenas obras no compran la salvación; aparecen como fruto de una vida alcanzada por Dios.
No. La obediencia bíblica no reemplaza la gracia, sino que revela una respuesta de amor y confianza a Dios.
La seguridad del perdón está en Cristo y en las promesas de Dios, no en la perfección del desempeño humano.